Es
la naturaleza la que caracteriza el litoral catarinense. Son 500 Km de
playas, enmarcadas por lagunas, ríos, montañas y un exuberante
Bosque Atlántico. Desde la mansa Bahía de Babitonga, en
la fontera con el Paraná, hasta las largas playas de mar abierto
al sur de Araranguá, es posible divisar un escenario fascinante
de aguas claras, arenas blancas y mucho verde.
La Isla de São Francisco, en el extremo norte, alberga el pueblo
catarinense más antiguo. Fundado por franceses en 1504, São
Francisco do Sul conserva un envidiable patrimonio histórico y
una manera de ser propia que fascina. Con 30 mil habitantes, es tierra
de pescadores y de marineros. La Bahía de Babitonga, sobre cuyas
aguas se encuentra la ciudad, es un paraíso náutico a través
del cual se llega a los 13 balnearios del municipio y a las innumerables
islas donde la naturaleza impera soberana. A través de la Laguna
de Saguaçu se llega a Joinvile, la ciudad más grande del
estado y marco de la inmigración alemana.
El litoral catarinense tiene una manera de ser azoriana. Las canoas coloridas
y las redes, la comida, los rostros y los acentos remiten al archipiélago
portugués. Estos inmigrantes vinieron buscando aceite de ballena
y terminaron fundando ciudades como Barra Velha, Piçarras, Penha
y Armação. En la antigua tierra de los indios carijós
también surgió Itajaí, que actualmente posee 140
mil habitantes y disputa con São Francisco do Sul la posición
de puerto catarinense más grande. El parque temático Beto
Carreiro World, en el Balneario de Penha, es la mayor atracción
turística de la región, junto con las bellas playas y la
herencia histórica de São Francisco do Sul.