Una
tierra de contrastes, donde la agitación de la vida moderna convive
con la placidez de las comunidades del interior. Es así la Isla
de Santa Catarina, deliciosa feta del paraíso con 523 Km2 de verdes
laderas, lagunas y 42 playas. Aquí se encuentra Florianópolis,
capital habitada por 280 mil privilegiados, uno de los principales destinos
turísticos de Brasil y opción de residencia para los que
pretenden calidad de vida.
El espíritu azoriano, heredado de los inmigrantes que poblaron
la región hace 250 años, personaliza la isla. Los barcos
de pesca, las "rendeiras" (tejedoras de puntillas), el folclore,
la culinaria y la arquitectura colonial califican el turismo y atraen
recursos que compensan la falta de industria de porte. Villas repletas
de tradiciones e historia, como Santo Antonio de Lisboa y Ribeirão
da Ilha, resisten a los avances de la modernidad.
Las playas del norte poseen aguas calmas y buena infraestructura turística.
Jurerê, Canasvieiras e Ingleses son las más visitadas, principalmente
por los argentinos. Al este, se encuentran Lagoa da Conceição
y las playas de Joaquina, Mole y Barra da Lagoa, reductos de gente joven
donde los deportes radicales dan el tono. El sur es más silvestre,
y playas como Armação y Pântano do Sul atraen por
su tranquilidad, barcos coloridos y redes de pesca.
En el continente se encuentran algunos barrios y los municipios de la
Grande Florianópolis: São José y Palhoça al
sur, Biguaçu y Gobernador Celso Ramos al norte. Además de
ser sedes de industrias, estas localidades poseen encantos como la Isla
de Anhatomirim con su imponente fortaleza, y la Playa de Guarda do Embaú.